Un brindis por el país del Plata

Sinceramente debo reconocer que uno de los placeres que nos reservamos de vez en cuando es ponernos la albiceleste y degustar los vinos de Argentina.

Esa gran potencia vinícola mundial que aunque sumida hace mas de veinte años en la producción de vinos sin substancia y con variedades que simplemente garantizaban la existencia de un producto acuoso comenzó a interesarse por su particular terreno, sinceramente poco dotado por su latitud para hacer vino pero con increibles posibilidades gracias a su altitud (los Andes) y a la mejora de las técnicas especialmente en Río Negro.

Pensar en Argentina en un buen bar à vins de la capital inglesa significa, el Malbec de Luján de Cuyo, el Shiraz de San Juan, la Torrontés de Salta o la Pinot Noir de Río Negro.

Pero hasta no hace mucho, la gente tomaba “Tio Paco”, “Jerez”, “Riojas”, “Chablis”, “Borgoñas”, “Champaña”  y el “Oporto” siendo todo ello…. argentino.

publicidad-oporto-el-abuelo-dibujo-concurso-dibujante-divito_MLA-O-62020819_4412Cuando escuché esas marcas y denominaciones bajo el marchamo de producto argentino, el extremo de la comisura de los labios se me arqueó un poco, como ese gesto que reconoce la picaresca genialidad de esos pioneros del Nuevo Mundo vitivinícola.

La publicidad de la época (que por cierto no hemos encontrado en google) declaraba: “Oporto el Abuelo; mejor que el Oporto y más barato”.

Esta copia por lo ajeno que triunfa se ha dado en muchos ámbitos del mundo de vino, pensad que el Tokaji húngaro ha sido copiado por los antiguos yugoslavos, croatas, rumanos o búlgaros.

Los alsacianos (Francia) y los friulianos (Italia) han nombrado a sus uvas de Pinot Gris y a su Furmint, respectivamente, como Tokaji o Tokay con el apellido de su región.

Hasta hace escasos años, el Cava español se llamaba Champán. En California siguen etiquetando a algunos de sus industriales Chardonnays como “Chablis” y estadounidenses o australiano se esmeran en llamar a su vino seco realizado en flor como “Sherry”.

Otros han sido más listo, los italianos cambiaron el nombre de la uva Prosecco y ahora dicen que se llama Glera extendiendo la denominación del vino espumoso de la exitosa denominación Prosecco Conegliano Valdobbiadene a una localidad cercana llamada “Prosecco” para que ningún nuevo productor chino se atrevisese a utilizar la misma uva y ganar el derecho de vender el exitoso espumoso en su mercado o el norteamericano.

Pues eso, sinceramente no deja de sorprenderme la energía que se utiliza para entrar en el mercado, claro, después cambias el nombre pero el recuerdo queda y ya se han vendido las botellas suficientes para rentabilizar la triquiñuela.

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