¿Se habrá servido vino español en el jubileo de Isabel II?

Resulta que… No.

Esto nos hace pensar en lo que hace exactamente 59 años ocurrió en el Reino Unido. En 1953 el Reino Unido y especialmente su capital, Londres, se restañaba las heridas de la guerra. La II Guerra Mundial que había destruído los tejados de la vieja Londinum se estremecían no solo por el ruido de los aviones comerciales sino por el hambre de sus habitantes. Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda (después Irlanda del Norte) aun cerraban los ojos y sentían como la zarpa del fascismo había estado a punto de desgarrar el mítico pundonor británico.

El nuevo miedo no estaba en aquel telón de acero que comenzaba a forjarse en los despachos del Kremlin y de sus satélites. Estaba en la cartilla de racionamiento.

El Imperio británico, su metrópolis, la mayor y mas vasta extensión de tierra y de guías comerciales controladas que el planeta hubiera conocido, sencillamente languidecia. Una vez que Churchill hubo perdido las elecciones frente a los laboristas, el Rey Jorge VI desaparecía de forma repentina.

Isabel II aunó y recogió, en 1953, el caracter flemático y burlón de aquellos británicos desolados, comenzando con orgullo una ceremonia de entronización que a nuestros ojos actuales hubiera parecido una indecencia; un dispendio absurdo y que cualquier chelín, penique, libra o guinea debiera haber sido dedicado a una empresa mayor. Alimentar a su pueblo.

Con motivo de la entronización, el Ministerio de Alimentos (literalmente el que ordenaba la calorías a ingerir por los británicos) decidió aumentar la cuota de la cartilla de racionamiento con una libra extra de azúcar y cuatro onzas de margarina con la idea de apoyar un cierto “espíritu de festividad”.

Para aquel banquete, se sirvieron los siguientes vinos:

– El vino español, blanco y elegante por excelencia. Un Fino.

– El vino alemán, seco y ácido, un mítico entre los elegidos. Un Riesling

– El vino francés, espumoso y con cuerpo, el rey de las celebraciones. Un Champagne.

– El vino portugués, dulce y afrutado, el señor del reposo y la tertulia. Un Oporto Vintage.

Simplemente 8 años habían pasado desde que Alemania claudicara y un vino alemán se degustó. En España la tensión de la guerra y el regimen franquista se mantenían y un vino español se disfrutó. El Champagne servido era de ascente alemán, un Krug. Y el Oporto, el Oporto.. volvió a ser el refugio de la sed que los descendientes de normandos y sajones llevaron a descubrir los grandes vinos especiales que hoy podemos celebrar.

Aquella fue una ocasión para demostrar, elegancia, grandeza y sobriedad o quizás simplemente esa admirable flema británica. No dolieron prendas a la hora de dar al vino su justo valor fuera de políticas nacionalistas, sensacionalistas y baratas. En la mesa de la coronación de Isabel II, vinos de alemanes y españoles se disfrutaron sin controlar la “visa” del pasaporte.

59 años después y para la celebración del jubileo de Isabel II, solamente se ha servido, vino británico.

Esta es una época difícil, si, pero de integración de idiomas comunes de sentir que Londres o Berlín son como un barrio un poco más alejado. Creo sinceramente que los británicos han ido quizás marcha atrás. ¿Política y nacionalismo en la mesa de la Corona que ha defendido la desaparición de aranceles y las puertas abiertas a los mejores vinos del mundo?

Parece que… Si.

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El Gallo es francés… ¿no? y el… ¿Gallo Negro?

Una de las cosas que siguen impresionándome todos los días con relación al mundo del vino es la versatilidad de conjugar leyenda e historia con lo que llamamos “modernidad”.

Durante esta semana el Consejo Regulador del Chianti Classico o Consorzio Vino Chianti Classico ha decidido hacer modificaciones de calado en su reglamento. La más rimbombante: crear un nivel superior de calidad certificado dentro de esta Denominación de Origen “Controllata e Garantita”. Si antes existía el Chianti Classico y el superior que era el denominado Chianti Classico Riserva, este ha sido superado por una nueva tipología, que aun no tiene nombre pero si tiene proceso y reglamentación propia. Por supuesto, tendrá que estar basado en un 80% en la Sangiovese, la cepa que impera en la bella Toscana italiana, treinta meses mínimo de crianza (de ellos unos mínimos de botella) y otros muchos aspectos  (y yo sin quererme meterme… ¿por qué no le llaman Grande Riserva? por aquello de…)

Pero realmente esta es una “menudencia” si se me permite. La decisión importante es poner su sello; el sello del Consorcio, el Gallo Negro o Gallo Nero en otro lugar no tan preponderante como ahora. Hasta hoy y hasta un futuro próximo, el Gallo Nero se estampa junto al Timbre del Estado italiano y  donde en Italia se suelen imprimir, es decir, circulando el gollete de la botella (por cierto, muy elegante a mi parecer)… pues probablemente ahí no estará más a partir de los embotellados con añada de 2012.

Quizás deberían los miembros del Consorcio recordar que el Gallo Nero es el símbolo del propio origen de la idea del Chianti, toscano, si, y sobre todo de Florencia y de su razón de ser.

Resulta que la leyenda cuenta que en las guerras instentinas entre Siena y Florencia en la Alta Edad Media, los reyes de cada una de estas ciudades-estado plantear una forma de buscar la paz para delimitar las fronteras.

El gallo de cada uno de sus palacios debía despertar a su Rey; el Rey galopar camino de la ciudad contraria en conflicto; y establecer la frontera en el punto donde se encontraran. Los sienos, tomaron a su gallo blanco, lo alimentaron el día anterior y agasajaron como si fuera un miembro del clero medieval y los florentinos no alimentaron a su… Gallo Negro.

Claro está, el alba despuntó antes en Florencia por que el pobre Gallo Nero se moría de hambre mientras que el gallo blanco, holgazaneaba y dormitaba gracias al banquete del día anterior. Conclusión; el florentino llego más lejos agrupando dentro de su reinado a los viñedos de lo que hoy es la DOGC Chianti Classico.

Ahí queda la leyenda.

El Consorcio; ha modificado cientos de veces su Reglamento; se independizó de la DOP Chianti de inferior calidad y que atesta las cartas del Low Cost / Low Quality junto a su primo transalpino, el Lambrusco; crearon los Riserva y la nueva innominada… aunque sinceramente y ¿cambiar ahora al pobre y hambriento Gallo de lugar?.  El Gallo Nero que tanta hambré pasó se merece ser recordado, en lo más alto de la botella, ¿o no?.

Nada cuenta la historia del final de gallo blanco…. supongo que aquella fue su última cena. Esperemos que reconsideren que el Gallo Nero es el simbolo de lo que son y que esta vez, también, sepan conjugar modernidad con leyenda o quizás alguno de los miembros del Consorcio quiera acabar como un “gallo blanco”, olividado por la Historia y denostado por los pocos que la recuerden.

Vinexpo…. la “Feria” del vino…. está en Hong-Kong… otra vez.

www.maevina.comDesde que los avezados franceses que manejan los mercados vinícolas de Burdeos entendieron que la mejor manera de concurrir en el, es acercándose; es llevando la oferta a su casa; es yendo de la mano de tus propios competidores.

Hicieron un movimiento audaz.

Hablo de su feria por excelencia, la Feria con mayúsculas del paronama galo: Vinexpo. Esta se celebraba todos los años en Burdeos…. se sigue celebrando, sin embargo, en años alternos. El que no le toca, Hong Kong tiene el testigo. Así que del clasicismo de los Châteaux al aeropuerto de Norman Foster y las interminables verticales de acero y vidrio. Así que se evita que Asia tenga “su” feria de vinos compartiendo la estandarte de los franceses.

Vinexpo es la gran feria de muestras y vanidades del mundo del vino, todo el mundo puede demandar y ofrecer caldos de aquí, de acá, de allá, de allí y de un poco más lejos. Pero ¿dónde está el mercado de futuros? En China.

Pero no… no se fueron a la China tradicionalmente entendida, quiero decir, a la dictada directamente por Pekín, se fueron al espacio más occidentalizado y donde además el vino se ve, vive y bebe como artículo de lujo: Hong-Kong. Opps y perdón a los gurús… el vino en China sigue siendo algo muy ajeno a su cultura y forma de vida.

¿Las claves de esta edición? Se rumorea que las mujeres hongkonesas y por ende las del barrio de enfrente, han descubierto los vinos blancos así que… parece que por fin las enotecas incluiran una  nueva gama de colores básicos en sus muestras.

Igualmente el interés de los chinos por los vinos bordeleses parece relajarse, si hace años Francia era sinónimo de Burdeos parece que han descubierto Borgoña (temblad bebedores de Pinot Noir y de Chardonnay… subirán los precios… “aún más”) incluso hay alguno que otea la existencia del Loira, el Sudoeste, Alsacia y compañía.

Supongo que seguirán apostando por la marcas, por el momento es un mercado que desconoce el terroir y las variedades y quizás gracias al viajante europeo que se pide un Sancerre blanco en la barra del hotel, puedan ver que no todo es una multinacional… ni debe ser así aunque sean, en ocasiones, necesarias para abrir el apetito y el gusto de los nuevos mercados.

¿Quedará alguna burbuja ahí?

En esta época de burbujas que revientan, resulta alentador, como mínimo, que algunas técnicas hayan mejorado. Años hace, un número de botellas no exiguo de vinos espumosos, dígase Cava o Champagne, explotaban en cavas; bodegas e incluso hogares. Hoy día este número se ha reducido a una ínfima cifra y solo ocurre en las cavas, alejadas del público general y de las visitas. Las técnicas, estabilizaciones y las calidades del vidrio han variado hasta tal punto que poca gente recuerda haber escuchado historias sobre botellas que… ¡explotan!www.maevina.com

Desde mediados del Siglo XIX cuando el método tradicional (antes llamado champanoise) se divulgó, la evolución de las técnicas y materiales  acompañaban (y acompañan)  muchas historías individuales, como la que a principio de Siglo XX llevó al Sr. Don Josep Vallès Robira a adquirir la Masia Rovellats en la demarcación de San Martín Sarroca dentro de la comarca del Penedés.

Su idea era la de surtir del espumoso del momento, del llamado Champán o Xampany, las cartas del famoso Café Español de Barcelona (existe aun en el Paralelo)  y del Teatro Apolo que a la sazón, eran de su propiedad.

Cavas Vallès pasó a denominarse Cavas Rovellats, manteniendo la idea del origen y de los ancestros romanos que le dieron ese nombre a esa pedanía. El romanticismo en el mundo del vino nos golpea de frente cuando visitamos las cavas de Cavas Rovellats. Sin embargo, la historia del  vino te susurra en cuanto bajas un nivel para ver como envejecen las botellas…. La última partida de los cavas que embotelló el Sr. Vallès, no se vendió.

La última partida del Sr. Vallès

Tras generaciones, ahí siguen. Capas de moho, polvo, lodo, humedad cubren las botellas, guardan el vino que atesora casí un siglo de vida, casi 100 años de vida. En el vino, 100 años es un plan a largo plazo, en la vida real, 100 años es Historia.

Suponemos que no solo deben no haber burbujas, es probable que el propio vino se haya evaporado, pero ¿qué importa?, proponemos un brindis por el Sr. Vallès y por sus actuales generaciones, que han sabido mantener la idea y la memoría de una persona que simplemente… soñaba.

Con tanto CR9 o CR7… menos mal que nos queda DRC

Según cuentan las últimas noticias, DSK siente graves turbulencias en el seno del FMI por su militancia al PSF y su actitud contrariada junto a la OTAN de las decisiones de la ONU con respecto a la acciones armadas y la guerra, aunque es un tanto triste comprobar, como en los tiempos de hoy, las acciones de CR7 suscitan mayor interés que la últimas revelaciones del IRA… siempre nos quedará un buen libro y soñar con apreciar un DRC.

Esta entrada comienza con una pequeña descripción imaginaria del actual Director Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Khan (DSK) que es un factotum dentro del Partido Socialista Francés (PSF) y que según muchos intentará “asaltar” la Presidencia de la República de nuestros vecinos transpirenaicos frente al tropel de nombres que surgen… Borloo, Fillon… y claro está, Sarko.

Parece que nuestra vida está gobernada por acrimonias.

Desgraciadamente sabemos casi sin querer, por una fuerza que nos obliga en cada portada de periódico punto com que oteamos el margen derecho envuelto en el blanco del Madrid o el azulgrana del Barça quién es CR7 sin que poco nos importe el negro del futuro de Japón, el rojo presente de Libia, Siria o Yemen y el anodino marrón pasado y futuro de marroquíes, argelinos, paquistanies… o desempleados que atestan las colas del INEM (o cualquiera de sus 17 réplicas) para encontrar un futuro más prometedor… es cierto, CR7 es Cristiano Ronaldo…

En el mundo de los caldos franceses dos pequeños Imperios se avezan de forma indiscriminada a la primera posición del paladar de aquellos que tienen la suerte y el bolsillo necesario para permitirse probar el jugo de aquellas viñas tan diferentes, tan competentes y tan enfrentadas como pudieran ser el Madrid y el Barça del mundo del vino francés, que no es otra que la mejor “Liga” del mundo: Borgoña y su Côte d’Or o su Chablis; Burdeos con su Médoc, Pessac Léognan, Saint Émilion o Pomerol; latifundios frente a minifundios; propietario frente a negociante; terruño frente a proceso; Merlot frente a Pinot Noir;  Sémillon frente a Chardonnay y de esta batalla una Casa histórica alumbra desde la terraza de las noches (Côte de Nuits) Le Domaine de La Romanée-Conti o como se le llama desde 1651 DRC.

Si algo identifica a Borgoña y la pluralidad de pequeñas propiedades y a su sistema de denominaciones de orígenes como si de una cebolla dulce se tratará, son las capas, desgranamos las denominaciones regionales hasta los grands-crus pasando por la comunales y los premiers crus que van descendiendo en rendimiento de vid y extensión de explotación hasta alcanzar las 67 áreas (algo más de la mitad de una hectárea) que podemos apreciar en Montrachet.

Dentro de la cuatro zonas principales de Borgoña nos encontramos con una denominada Côte d’Or siendo llamada a su Norte Côte de Nuits y al Sur Côte de Beaune. Dentro de la Côte de Nuits se pueden encontrar una serie de Grands Crus que son pequeñas extensiones de terrenos regentadas por diversos propietarios, pero de ellas, existen La Tâche, Romanée-Conti, Échézeaux, Grand Échézeaux, Montrachet, Richebourg, Romanée-Saint-Vivant todos ellos en la localidad de Vosne-Romanée y a su vez todas ellas bajo las siglas de los mismos dueños, Le Domaine de la Romanée-Conti.

En la noche de los tiempos se pierde su inicio que algunos aventuran al siglo XVI gracias al buen hacer vinificador de los monjes del Císter que acabaron agrupando pequeños terrenos que acabaron bajo la propiedad de Príncipe Conti que en 1760 asumió la propiedad de ciertas parcelas que adoptaron un siglo atrás denominación Romanée frente a Cros de Cloux debido a sus numerosos restos romanos y que apellidó Conti para su definitiva denominación: Romanée-Conti.

Dicho dominio fue poco a poco adquiriendo tierras que se fueron clasificando como Grands Crus y aunque otras familias pueden ser propietarios de algunas parcelas de las denominaciones replicadas, existe un aura de grandeza en DRC que califica a sus propiedades como de las mejores del mundo.

Sin embargo, un peligro se cierne sobre esas magníficas tierras de mezcla caliza de excelente drenaje y de persistente arcilla que otorga la humedad necesaria y justa, la erosión. Ya en tiempos del Príncipe Conti a mediados del Siglo XIX, 800 carros de tierra de la rivera del Saône fueron allí destinados para cubrir el déficit endémico de dichos terruños aunque DRC porfía su cuidado y mantenimiento que de manos ha pasado, no obstante su nombre se mantiene resplandenciente como lo fuere su pasado y lo será su presente.

Esperemos al menos que dentro de 100 años no queden restos de CR7’s en la memoria de los que habiten el planeta y que DRC siga cabalgando entre lluvias, pedrisco, granizo, calores y humedades para otorgar al disfrutante de su caldo un sentido mayor a su cata, un sentido de historia y de responsabilidad en el buen hacer.

Y como empieza uno a enamorarse de esto del vino…

Hace seis años y medio el asfalto, el hormigón, la polución y las prisas guiaban mis únicos gustos. Permitía la existencia de la naturaleza como un paisaje necesario cuando cubría trayectos de más allá de mi narices. Entró en mi vida una pequeña y dulce bolita de pelo, de largas orejas, de profundo ladrido, de calor en mi regazo mientras peleaba por encontrar cobijo en mi pecho y poder resguardarse algo mas del frío mientras ostentaba su profundo nombre: Benedict.

Esta es la historia de porque antes de el, apreciaba el vino y por que hoy forma parte de mi vida.

En el verano de agosto de 2004 comenzamos un viaje a la campiña francesa, a un pequeño pueblo llamado Monières a escasos kilometros de la bella y sonriente Nantes. A nuestra llegada, tras interminables horas de conducción, tras ver arboleda tras arboleda, valle tras valle, villa tras villa, riachuelos y animales llegamos a aquel retiro, aquel pequeño Château que gobernaba hectáreas de viñedos.

Nos dejaron cenar en una brasseria y el camarero hablándole de usted a Benedict le regalo un hueso enorme, inacabable, de pato. Fue su gran delicia, le acompañaron la vianda con un gran tazón de agua fresca que ávido acabó vaciando y saciando su sed.

Los días posteriores me regalaron conocer la campiña francesa, sus gentes de manos trabajadas que oteaban desde sus ventanas como un joven españolito iba a comprar tabaco (vicio que ya no tengo) al pequeño pueblo que nos acogía. Y un día, llego la magia.

Un paseo por los viñedos. Un paseo con un Teckel de pelo duro llamado “Mayor”, cada vez que recuerdo este nombre me sale la coletilla del dueño hablando de el… “Mayor…terrible chien” (Mayor… terrible perro), Benedict y yo mismo. Mientras Mayor aguzaba el olfato para encontrar sus piezas de caza, Benedict me miraba con expresión perdida hasta el punto de correr cuando encontraba una liebre… pero en sentido contrario.

Tras un largo paseo de horas y descontrolando el factor tiempo, la noche comenzó a apoderarse del escenario y en un momento determinado mientras miraba una de las viñas, pensé… ¿qué será esto?, ¿de que tipo será esta uva?. Me salto a la memoria el nombre Chardonnay por la profusión cinematrográfica que esta cepa tiene y no me percaté si quiera en que tipo de vino blanco saldría de allí.

El atardecer fue rojizo y Benedict arribó a la estrecha rivera del Moines, un tanto atribulado por querer cruzar, pero espantado por los pequeños ruidos que crecían hasta estruendo cuando la luz del sol decaía. A la vuelta comencé a preocuparme pues no atisbaba ningún signo de regreso, solamente dos viñas que había moldeado con mis manos me indicaban el camino. Fue Benedict el que alertado por su creciente hambre me supo llevar a aquel Château de vuelta.

Esa cepa era el Melon Blanc y de ella sale el famoso Muscadet del Loira, especialmente aquel vino producido era de la AOC Muscadet Sèvres et Maine. Un vino blanco y fresco perfecto para el marisco y para los largos almuerzos veraniegos. Hoy sé todo aquello gracias a horas de estudio que comenzaron con horas de paseo.

Esta claro, cada uno tiene su inicio en este mundillo y aunque Benedict ya no esté conmigo le tendré que agradecer que un hombre de ciudad como yo, encontrara el placer de entender, como uno de ellos, el significado del “terroir” francés.

Siempre estarás conmigo, compañero de batallas, risas, paseos y lengüetazos.

¿Y como empezaste a disfrutar el mundo del vino?

La mejor copa de vino

¿Cual es el mejor vino?

El 26 de mayo de 2010 se celebraron los setenta años desde la llamada Operación Dinamo.

Esta operación fue el nombre en clave para la evacuación parcial de tropas británicas, belgas y francesas cercanas a la ciudad francesa de Dunkerque que durante el mes de mayo de 1940 se vio completamente desarbolada por el potencial enfermizo y absurdo del ejercito nazi y sus aliados en su egolatría megalómana de dominar Europa en cuestión de semanas. Francia cayó, y sus gentes amantes de sus tierras y viñedos confiaron en gran parte en que aquella situación sería pasajera y que la cordura volvería a gobernar a los Estados europeos, antes o después.

Pero el dolor anticipado de saber el futuro expolio de su patrimonio embotellado que es parte del alma de Francia y de los franceses, corría grave peligro. Dicen que para ser francés es necesario, haber nacido en Francia, hablar francés, amar la libertad y algunos que es necesario conocer, respetar y amar el mundo del vino francés o como llaman la expresión del “terroir” que combina el amor nacional por el jugo de la vid con las diferencias de cada una de sus tierras, de su composición, de sus diferentes variedades y varietales, sabores, grados de dulzor, clima, forma de vinificar y ensamblar. 

Durante la Operación Dinamo y a pocos kilómetros de Dunkerque, en el Puerto de Calais (escenario de la gran piedra de toque de la posterior liberación), un joven soldado francés,Gaston Huet, en plena batalla, inútil y fútil, desbordado por la rabia nazi veía retroceder a sus compatriotas y a sus hermanos belgas en la lucha por la libertad. Cada vez reculaban más sus posiciones mirando a diestra y siniestra y vislumbraba entre la niebla de los proyectiles nacidos por los impactos en la tierra creaban, el terror en sus ojos, la desazón en su alma y la tristeza en su corazón.

Los puestos de defensa francesa arriaban su bandera nacional, tricolor, ejemplos de libertad, igualdad y fraternidad para el mundo entero por aquella roja que enmarcaba en su centro, la Cruz Gamada Nazi, y que sigue siendo recuerdo en el alma aun herida de muchos europeos, alemanes, franceses, italianos… e incluso de los que no participaron como Estados pero si, como estados de ánimo.

Gaston Huet, fue un gran productor de vino de la Región vinícola del Valle del Loira (Vallée de la Loire), de la gran Appellation d’Origine Controlée de Vouvray un vino normalmente moelleux, es decir, blanco y “mullido” o dulce de la varietal Chenin Blanc.

Gaston Huet fue apresado como muchos otros compatriotas en los temidos campos de concentración alemanes donde los acuerdos internacionales para los presos de guerra se cumplían de forma accidental salvo en el caso de que fueras judío o gitano pues en estos casos lo accidental era el accidente en si.

Desde la Francia ocupada hasta la Francia del Mariscal Petain, la tierra estremecida entendió que aquellos invasores se parecían en poco o nada a los contendientes de la Primera Guerra Mundial, la jauría asesina nazi, la devastación de las diferentes identidades culturales y racionales, el rampante estalinismo, la horda comunista que anegaba  el anhelo de libertad de rusos y protorusos, el fascismo de Musolini, la Guardia de Hierro rumana, Metaxas y su ensoñación de Tercera Civilización Helenística, Franco y su aspiración de recrear el vetusto Imperio Español, estos y tantos otros ejemplos que hacía prever el cambio de civilización o la desaparición del sentido común en la vieja Europa no preveían nada nuevo.

Gaston Huet pasó cinco terribles años en los campos de concentración de la Wehrmacht que recibía la constantesvisita de la Gestapo y sus adláteres que traían las noticias del expolio que Francia y Europa estaban sufriendo no solo en su patrimonio artístico e histórico empero su alma y maltrecho espíritu.

Después de avatares y curiosidades (que merecen un comentario aparte), Gaston Huet y un grupo de soldados del campo de concentración decidieron, mediando pequeños chantajes sobre trivialidades y ligeras distracciones de diversos guardas Nazis, hacer algo por ese espíritu que desteñía su preciada tricolor y que mantenía el blanco pajizo y el rojo rubí de sus viñedos frente al azul de sus mares y océanos. La idea.

La idea fue hacer una gran degustación, un día de alegría, un día de libertad más allá de la celda y las horas programadas, la libertad de cerrar los ojos y ver como sus manos recorren la uvas que rodean sus hogares, su trabajo arduo y minucioso que hace que conozcan cada una de las vides como cada una de las arrugas de su piel creadas bajo el sol y sobre su amada tierra.

El 24 de enero de 1943 día de San Vicente patrono de los productores del vino fue el día que se adoptó para celebrar la fiesta de la degustación para casi 4000 presos donde consiguieron 500 botellas donde en un cuartillo de copa de vino podían aquellos hombres recordar su terruño, su familia y su hogar.

Todas las regiones de Francia en sus vinos se encontraban en aquellos tablones puestos ex profeso para la degustación, todos los tipos de vinos inlcluyendo Cognacs, Champagnes, Crémants, Vinos dulces naturales, Vinos Blancos, secos y dulces, Rosados, Tintos de miles de matices se presentaron con la consigna de que cada uno se tomara el tiempo necesario para apreciar su color, textura, la tenacidad de sus lágrimas, su bouquet, sus aromas, todo lo que consideraran.

Gaston Huet recibió en suerte un cuartillo de vino blanco del Loira, era un vino blanco seco que le recordaba su tierra, su color verdoso le hizo disfrutar de varios minutos de ensimismamiento, no obstante el vino en boca le resultó un poco ácido y en el final decaía de forma abrupta.

Poco antes de dejar este mundo, Gaston Huet dijo que aquel vino fue, sin embargo, el mejor que había probado y de recuerdo más arraigado y trepanado se encontraba en su mente, corazón y alma. Sin dudarlo y con mirada perdida fue el mejor que había probado.

Aquel día Alemania ya había cruzado la línea de Armisticio, aquél día el mundo de tambaleaba en un tiovivo sin surcos pero aquel día la libertad entró en un campo de concentración más allá de la verjas de hierro, más allá de la dignidad robada, aquel fue un día en que el vino les devolvió su humanidad por algunos momentos.

Cuando entres en una enoteca, cava o cualquiera parecido, recuerda que el gusto por el vino es el suyo, con sus circunstancias quizás el mejor que usted haya probado tenga criticas feroces pero además de a frambuesa le puede recordar la sonrisa de su hijo, el abrazo de su pareja o la despedida de su padre.

Cuando tome ese vino deje su idea preconcebida con la petulancia del entendido que pretende saber de vinos con su opinión compulsiva sin entender que el vino no es un mero jugo alcohólico de la uva y si no que se le digan al gran Gaston Huet.

Por cierto, ¿Cual es su mejor vino?