¿Qué bebió Napoleón en Waterloo?

Hace un par de jornadas el mundo del deporte seguía la victoria del Real Madrid sobre el Auxerre francés. Aunque alguno le sorprenda, Auxerre es una pequeña ciudad para el estándar español pero está situada en el corazón de la Región de Borgoña, donde los grandes vinos tintos de Pinot Noir y de Gamay para los Beaujolais, campan y crecen. Donde el delicado Pinot sufre tanto en los veranos cálidos como en los pluviosos, de ahí su elegancia y su detalle, es sensible como pocos o mejor dicho como ninguno. Sus blancos son afamados Chardonnay que llegan a una de sus máximas expresiones con la AOC de Chablis o Mâcon, vinos blancos realmente fastuosos que pueden ser objeto de cura, guarda y sombra por años. La miel, las nueces, su amplitud y complejidad nos evocan a la vendimia en la condiciones perfectas de recolección.

Cerca a esa tierra, muy cerca, se encuentra el estadio del Auxerre.

Napoleón, que tenía un cierto gusto por el vino de Borgoña,  imperó por Europa hasta su primera gran derrota que culminó en la celebración del Convenio de Viena de 1815, que entre otras cosas fundamentó el devenir de Europa hasta el final de la Primera Guerra Mundial sin obviar las guerras de unificación italiana y alemana así como el colapso paulatino del gran Imperio Oriental que era el Otomano.

Tenía la  estrafalaria idea de que el consumo de vino de Borgoña podría darle una mayor posibilidad de engendrar hijos, especialmente varones. Napoleón Bonaparte (o Buonaparte como rezaba su certificado de nacimiento) era corso, de la antaño genovesa isla de Córcega.

Es cierto que actualmente podemos encontrar vinos más que decentes e incluso sorprendentes en dicha isla pero no así a finales del siglo XVIII, igualmente Napoleón carecía de modales en la mesa y mucho menos elevadas prácticas culinarias, probablemente su carácter ataviado con orgullo, fuerza y pasión le impedía sentarse en la mesa y solía comer como un saltamontes en una vía rural muy transitada, además el estoicismo de la escuela militar mitigaría cualquier inquietud epicúrea si en algún momento la tuvo.

Solían avisar a los comensales que se sirvieran antes de que llegara a la mesa el Emperador pues probablemente perderían el apetito y verían como el servicio retiraría los servicios, servidos o no. Aunque lo normal era haber comido en casa por precaución.

Napoleón bebía Borgoña, frío y aguado. Pero cuando perdió en Waterloo.. y tuvo su Waterloo, había consumido casi una botella entera de… Málaga, parece que necesitó al dulce para aliviar el amargor de tan dura derrota.

En 1821 moría desterrado en la Isla de Santa Elena donde permaneció cautivo hasta su último suspiro, su legado; vinos y champañas. Nadie de su séquito las adoptaron por puro desconocimiento de la materia y su querido borgoña desaparecería pocos años después de su deceso disueltos probablemente en óxido y sedimentos.

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