¿Qué es la “French Paradox”? (paradoja francesa)

Surgió la primera idea en 1990 mediante un artículo publicado en la revista estadounidense Health. Se venía a evidenciar que Francia era (y sigue siendo) el país del mundo donde más vino se consume, especialmente tinto, y que por contra era uno de los países del mundo “moderno” donde menos incidencia existía de dolencia cardíacas y cardiovasculares.

Como estamos en el mundo en el que estamos, hasta que un estadounidense o anglo-sajón en general no dice que ha descubierto algo, no ha existido previamente y resulta que el articulista Edward Dolnick lo hizo, ¡descubrió para la incrédula humanidad los beneficios de la dieta mediterránea!.

Aceite de oliva en lugar de mantequilla, verduras en lugar de papas fritas, fruta en lugar de fritos, vino en lugar de cerveza y el vino tinto cuanto más tinto mejor, es decir, cuanto más tánico, es decir, más taninos que no son otra cosa que una molécula propia del fruto, la vid, que provoca la constricción de los vasos sanguíneos y mejora el riego, es decir, limpia nuestros ríos internos de sedimentos para que no atoren su fuente de acción, el corazón.

Aunque la llaman la “paradoja francesa” es realmente una paradoja del Sudoeste de Francia, donde la dieta mediterránea, el consumo de aceite de oliva,  de los ácidos Omega 3 (no de los Omega 6) y copiosas en fruta y verdura… y en vino, provocan que el ratio de incidencia de accidente cardíacos en la sureña ciudad de Tolosa sea un 20% inferior a la norteña Lille.

Curiosamente en España se consume de forma más generalizada de esta manera pero por ahora es dificil que logremos cautivar a los anglo-sajones, especialmente de EE.UU., como los franceses han conseguido, entre otras cosas porque a nosotros nos localizan en un mapa debajo de Paraguay, no de Francia.

En cualquier caso la incidencia beneficiosa de la dieta mediterránea es evidente pero lo llamativo es que esa dieta para que efectivamente mejore la calidad de nuestro corazón y adyacentes debe seguir al vino no a la cerveza.

Ahora bien, la cuestión no es consumir un litro de vino tinto al día porque, claro, ¡es bueno para el corazón! porque el hígado, el páncreas, el intestino y al mismo corazón entre otros no pensarán igual.

Por cierto si no te gusta el vino o no eres bebedor de vino, sigue así, come sano, haz algo de deporte y reserva una sonrisa para cada día, esa receta suele ser infalible para el corazón también.

Anuncios