Lo que ocurre cuando un Château de 400 años de antigüedad entra en el Manga Japonés

Pues resulta que el extremo Oriente lleva desde hace unos años asumiendo cada vez un pedazo mayor de la producción vinícola del mundo, tanto de la del Viejo Mundo (Francia, Italia, España, Portugal, Hungría, Alemania, Austria…) como del Nuevo Mundo (Australia, Argentina, Chile, Nueva Zelanda, California, Sudáfrica…).

Los crecimientos anuales que se observan en China, Japón y Corea del Sur mantienen un ritmo constante medio del 150%, ¡cada año!, por ello podemos ver como las grandes añadas desaparecen de las pequeñas tiendas de barrio, bodegas, cavas o en su caso comienzan una inexorable ascensión en precio.

Fantásticos vinos que hace meses significaban un desembolso de 10€ pueden subir hasta los 15€, sin razón aparente, bueno, en realidad los proveedores de esas tiendas reciben llamadas nerviosas de los operadores, agentes o propios productores para que retiren botellas del mercado para abastecer uno superior y que está dispuesta a asumir los costes logísticos al lejano Oriente o en cualquier caso a Restaurantes de las grandes capitales europeas que esperan ávidos a sus nuevos y más dispuestos a gastar, nipones, mandarines, manchús o coreanos, clientes que son bienvenidos con la promesa de un vino en dicho restaurante al mismo precio que el de la tienda de Tokio, Shangai o Pekín que les aseguró traerle el líquido deseado desde la extraña y lejana Europa.

Resulta que la legítima especulación se ha extendido en las llamadas subastas de Primeur tan tradicionales y propias de la viña bordelesa y de sus reputados crus aunque también afecta a terroirs o terrenos no calificados.

Básicamente dicha subasta es un arma financiera, los expertos definen que una añada será excelente o sobresaliente, como por ejemplo dicen del Burdeos de 2009. Pues bien, en los meses de mayo de 2010 e incluso hasta Septiembre se vende el vino con la promesa de que aunque no esté embotellado, será entregado de 6 a 12 meses, el precio de mercado significará un notable aumento del pagado y el lucro se puede cifrar en un 30% o 40%… en teoría (en teoría repito).

En otra ocasión desvelaremos los meandros y misterios de esta curiosa forma de subasta que se ha democratizado gracias a Internet.

La cosa, el meollo de la cuestión es que desde hace tres años nos ha llegado a Europa o al menos a todo aquel que no entienda japonés una saga de Manga, Cómics Japoneses, llamada en francés (solo ha sido traducida al francés) Les Gouttes de Dieu (las Gotas de Dios).

Es una saga de 13 volúmenes, cada uno indica unos avatares olfativos necesarios para que en el marco de una investigación se encuentre el vino descrito por dichos avatares. El asunto, puro misterio e intriga que ha reconciliado dos mundos ¿antagónicos? por un lado la modernidad y vanguardia del Manga que parece prever las nuevas modas decenas de años antes de que llegue a Europa, no en vano los llamados cool hunters muestran unos increibles saldos en millas en las principales líneas aéreas para llegar a Tokio.

Por el otro, el vino francés, donde los conceptos como terroir, cru, tradición, élevage, chai e Historia se funden y embotellan para llegar a nuestros días.

Gracias a las series de Les Gouttes de Dieu parece que se han reconocido los dos mundos en un mismo espejo, o acaso la valentía, la búsqueda de nuevas expresiones, la necesidad de sorprender utilizando técnicas establecidas, ¿no hacen sino reencontrar a estos dos mundos, a estas dos expresiones?.

Resulta que las ventas de los vinos nombrados en dicha saga disparan sus precios y desaparecen de los lineales… casí como los primeurs, y curiosamente los amantes del vino Tadashi Agi y Shu Okimoto (pseudónimos ambos) que son los creadores de Les Gouttes de Dieu han conseguido lo que no querían, banalizar el consumo del caldo que veneran convirtiéndolos en la copa de moda en el lugar de moda de Tokio frecuentado por cool hunters que son probablemente lo más alejado del terroir y la vendimia así como de su dibujo y guión.

Pero la gran noticia, es que uno de los nombrados en los últimos números de la saga ha sido un caldo de la AOC (Denominación de Origen) Bordeaux-Côtes-de-Franc, denominado Château le Puy de la añada 2003.

Pues bien, su dueño y productor, el señor Jean-Pierre Amoreau que practica la biodinámica (ver post de Biodinámica) y que ostenta para su marca un terreno o terroir de 25 hectáreas con una antigüedad de 400 años, ha dicho basta.

Esta pequeña joya de terreno que comparte la meseta rocosa de Saint Émilion y Pomerol que no han entrado en ninguna de las clasificaciones de crus que comenzaron con la de Médoc de 1855, ha dicho basta.

Sorprendido y quizás algo azorado se debió ver cuando recibía pedidos de su caldo desde el Imperio del Sol Naciente, los grandes idealistas del viñedos francés viven en parte gracias a la explosión asiática por la biodinámica pero él mantiene un plantel de fieles clientes, consumidores y agentes, así que 150 cajas de su vino como pedido inicial de un agente japonés, le produjo esa sorpresa o mejor dicho tristeza del vino flojo y desvaído que prometía horas de felicidad gustativa y olfativa.

Los precios habituales de su producto que rondaban los 15€ se vieron triplicados y su preciado bien comenzaba a ser consumido por algún cool hunter en cualquier barrio tokiota plasmado en Lost in Translation, ¿qué hizo nuestro héroe?.

Pidió a todos sus agentes que sacaran del mercado el vino de aquel año y los reservó a 18€ a sus fieles clientes. Probablemente Tadashi Agi y Shu Okimoto se han congratulado de tan grata noticia y habrán brindado con su Château le Puy 2003, apostaría que ellos son uno de esos clientes.

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