La mejor copa de vino

¿Cual es el mejor vino?

El 26 de mayo de 2010 se celebraron los setenta años desde la llamada Operación Dinamo.

Esta operación fue el nombre en clave para la evacuación parcial de tropas británicas, belgas y francesas cercanas a la ciudad francesa de Dunkerque que durante el mes de mayo de 1940 se vio completamente desarbolada por el potencial enfermizo y absurdo del ejercito nazi y sus aliados en su egolatría megalómana de dominar Europa en cuestión de semanas. Francia cayó, y sus gentes amantes de sus tierras y viñedos confiaron en gran parte en que aquella situación sería pasajera y que la cordura volvería a gobernar a los Estados europeos, antes o después.

Pero el dolor anticipado de saber el futuro expolio de su patrimonio embotellado que es parte del alma de Francia y de los franceses, corría grave peligro. Dicen que para ser francés es necesario, haber nacido en Francia, hablar francés, amar la libertad y algunos que es necesario conocer, respetar y amar el mundo del vino francés o como llaman la expresión del “terroir” que combina el amor nacional por el jugo de la vid con las diferencias de cada una de sus tierras, de su composición, de sus diferentes variedades y varietales, sabores, grados de dulzor, clima, forma de vinificar y ensamblar. 

Durante la Operación Dinamo y a pocos kilómetros de Dunkerque, en el Puerto de Calais (escenario de la gran piedra de toque de la posterior liberación), un joven soldado francés,Gaston Huet, en plena batalla, inútil y fútil, desbordado por la rabia nazi veía retroceder a sus compatriotas y a sus hermanos belgas en la lucha por la libertad. Cada vez reculaban más sus posiciones mirando a diestra y siniestra y vislumbraba entre la niebla de los proyectiles nacidos por los impactos en la tierra creaban, el terror en sus ojos, la desazón en su alma y la tristeza en su corazón.

Los puestos de defensa francesa arriaban su bandera nacional, tricolor, ejemplos de libertad, igualdad y fraternidad para el mundo entero por aquella roja que enmarcaba en su centro, la Cruz Gamada Nazi, y que sigue siendo recuerdo en el alma aun herida de muchos europeos, alemanes, franceses, italianos… e incluso de los que no participaron como Estados pero si, como estados de ánimo.

Gaston Huet, fue un gran productor de vino de la Región vinícola del Valle del Loira (Vallée de la Loire), de la gran Appellation d’Origine Controlée de Vouvray un vino normalmente moelleux, es decir, blanco y “mullido” o dulce de la varietal Chenin Blanc.

Gaston Huet fue apresado como muchos otros compatriotas en los temidos campos de concentración alemanes donde los acuerdos internacionales para los presos de guerra se cumplían de forma accidental salvo en el caso de que fueras judío o gitano pues en estos casos lo accidental era el accidente en si.

Desde la Francia ocupada hasta la Francia del Mariscal Petain, la tierra estremecida entendió que aquellos invasores se parecían en poco o nada a los contendientes de la Primera Guerra Mundial, la jauría asesina nazi, la devastación de las diferentes identidades culturales y racionales, el rampante estalinismo, la horda comunista que anegaba  el anhelo de libertad de rusos y protorusos, el fascismo de Musolini, la Guardia de Hierro rumana, Metaxas y su ensoñación de Tercera Civilización Helenística, Franco y su aspiración de recrear el vetusto Imperio Español, estos y tantos otros ejemplos que hacía prever el cambio de civilización o la desaparición del sentido común en la vieja Europa no preveían nada nuevo.

Gaston Huet pasó cinco terribles años en los campos de concentración de la Wehrmacht que recibía la constantesvisita de la Gestapo y sus adláteres que traían las noticias del expolio que Francia y Europa estaban sufriendo no solo en su patrimonio artístico e histórico empero su alma y maltrecho espíritu.

Después de avatares y curiosidades (que merecen un comentario aparte), Gaston Huet y un grupo de soldados del campo de concentración decidieron, mediando pequeños chantajes sobre trivialidades y ligeras distracciones de diversos guardas Nazis, hacer algo por ese espíritu que desteñía su preciada tricolor y que mantenía el blanco pajizo y el rojo rubí de sus viñedos frente al azul de sus mares y océanos. La idea.

La idea fue hacer una gran degustación, un día de alegría, un día de libertad más allá de la celda y las horas programadas, la libertad de cerrar los ojos y ver como sus manos recorren la uvas que rodean sus hogares, su trabajo arduo y minucioso que hace que conozcan cada una de las vides como cada una de las arrugas de su piel creadas bajo el sol y sobre su amada tierra.

El 24 de enero de 1943 día de San Vicente patrono de los productores del vino fue el día que se adoptó para celebrar la fiesta de la degustación para casi 4000 presos donde consiguieron 500 botellas donde en un cuartillo de copa de vino podían aquellos hombres recordar su terruño, su familia y su hogar.

Todas las regiones de Francia en sus vinos se encontraban en aquellos tablones puestos ex profeso para la degustación, todos los tipos de vinos inlcluyendo Cognacs, Champagnes, Crémants, Vinos dulces naturales, Vinos Blancos, secos y dulces, Rosados, Tintos de miles de matices se presentaron con la consigna de que cada uno se tomara el tiempo necesario para apreciar su color, textura, la tenacidad de sus lágrimas, su bouquet, sus aromas, todo lo que consideraran.

Gaston Huet recibió en suerte un cuartillo de vino blanco del Loira, era un vino blanco seco que le recordaba su tierra, su color verdoso le hizo disfrutar de varios minutos de ensimismamiento, no obstante el vino en boca le resultó un poco ácido y en el final decaía de forma abrupta.

Poco antes de dejar este mundo, Gaston Huet dijo que aquel vino fue, sin embargo, el mejor que había probado y de recuerdo más arraigado y trepanado se encontraba en su mente, corazón y alma. Sin dudarlo y con mirada perdida fue el mejor que había probado.

Aquel día Alemania ya había cruzado la línea de Armisticio, aquél día el mundo de tambaleaba en un tiovivo sin surcos pero aquel día la libertad entró en un campo de concentración más allá de la verjas de hierro, más allá de la dignidad robada, aquel fue un día en que el vino les devolvió su humanidad por algunos momentos.

Cuando entres en una enoteca, cava o cualquiera parecido, recuerda que el gusto por el vino es el suyo, con sus circunstancias quizás el mejor que usted haya probado tenga criticas feroces pero además de a frambuesa le puede recordar la sonrisa de su hijo, el abrazo de su pareja o la despedida de su padre.

Cuando tome ese vino deje su idea preconcebida con la petulancia del entendido que pretende saber de vinos con su opinión compulsiva sin entender que el vino no es un mero jugo alcohólico de la uva y si no que se le digan al gran Gaston Huet.

Por cierto, ¿Cual es su mejor vino?

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