La montaña hecha vino

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Resulta que aunque propios y extraños se esmeren en vender la Costa del Sol como refugio de presidentes de Tribunales, de emiraties y de los gerentes de las casas de empeño que a todos nos abruman y a algunos asfixia, existe un enclave malagueño, prosado por Shakespeare, forjado por su empeño comercial frente a Jerez y que murió de la mano de la revolución rusa de octubre de 1917.
A escasos kilómetros de la costa mediterránea, la tierra se ondula y escarpa hasta alcanzar los mil metros sobre el nivel del mar, su nombre es La Sierra de Tejada. El pico de La Maroma con sus dos mil metros de altura observa el mare nostrum y protege la comarca de la Axarquía.
La Axarquía, tierra de pizarras color azabache que asume el calor que la Sierra de Tejada le ahorra. Sus picos y pendientes imposibles son culminados por viñas, por cepas del Moscatel de Alejandría.
Aquí el vino no es una historia contemporánea, se remonta más allá del Siglo XVII, cuando los vinateros y bodegueros malagueños que hacían caldos al estilo y gusto de británicos y anglos en general, avisaron el creciente problema comercial entre los productores del llamado, antes y ahora, Sherry.
A principios del Siglo XIX los jerezanos se negaron a abonar a sus importadores una parte de los expendido por ellos, como garantía de fidelización comercial. La Costa del Sol se llenó de mercantes y mercaderes que buscaron en las bodegas malacitanas el preciado caldo de Xerés. Soleras y criaderas eran y son parte del panorama bodeguero costasoleño y un nuevo proveedor se erigió en los puertos de Londres. El Málaga Virgen, el añejo, el transañejo y otros muchos.
Algunos exploradores se adentraron y la encontraron. La Axarquía.
De aquella uva, la moscatel, encontraron una mayor sutileza y vigor que lo esperado, aquellos granos maduros, asoleados, secados al sol, prensados con mínima fuerza, expresión de la variedad y del terroir, otorgaban certificado de nacimiento comercial al Mountain Wine que fue adorado por Shakespeare al igual que los vinos blancos fruto de la Malvasía y de la tierra volcánica canaria.
La vida cambió, los clientes cambiaron y el Mountain Wine dejó de llegar el barco a Londres, los navíos arrivaron al báltico y se tornaron ferrocarriles al nuevo destino: San Petesburgo.
La filoxera llegó a España tras arrasar el campo francés pero una zona española tuvo el honor de recibir a la indomable plaga: Málaga
El viñedo desapareció en un 90%; la oferta se esfumó; los competidores tomaron los gustos de los clientes y la demanda no quiso esperar.
Si a principios del Siglo XIX se editó una obra impresa en Manchester sobre los vinos modernos de Europa y mención de honor tuvo el Mountain Wine, a finales de este solo una clientela importante seguía enjugando sus gaznates con el Vino Naturalmente Dulce de la Axarquía andaluza: La nobleza rusa.
Octubre de 1917. Lenin borra del mapa la ciudad de San Petesburgo, Petrogrado y luego Leningrado hicieron que los vinos especiales y selectos desaparecieran de las cavas y alacenas.
Con el último pedido. Murió el Mountain Wine.
La década del resurgir enológico español hizo que los hermanos Schöltz, Larios, Telmo Rodríguez o Jorge Ordóñez alumbraran, a partir de los noventa, de sus raíces el Mountain Wine que deslumbrara al genial inglés.
Un vino especial del que sus ilustres vecinos ni alardean ni conocen pero que hace que la montaña sea casi un siglo después: Vino

Y ahora nos atrevemos…. a ¿plantear un maridaje rompedor? Montain Wine significa dulzor pero con una fuerte carga de acidez; Moscatel significa cítricos y frescor, ¿un cevique?…. ojeando encontré está receta… http://tibizu.wordpress.com/2012/06/09/mi-ceviche-mejicano/

Nosotros lo hemos probado… el resultado es ¡valiente y sorprendente!

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La mejor copa de vino

¿Cual es el mejor vino?

El 26 de mayo de 2010 se celebraron los setenta años desde la llamada Operación Dinamo.

Esta operación fue el nombre en clave para la evacuación parcial de tropas británicas, belgas y francesas cercanas a la ciudad francesa de Dunkerque que durante el mes de mayo de 1940 se vio completamente desarbolada por el potencial enfermizo y absurdo del ejercito nazi y sus aliados en su egolatría megalómana de dominar Europa en cuestión de semanas. Francia cayó, y sus gentes amantes de sus tierras y viñedos confiaron en gran parte en que aquella situación sería pasajera y que la cordura volvería a gobernar a los Estados europeos, antes o después.

Pero el dolor anticipado de saber el futuro expolio de su patrimonio embotellado que es parte del alma de Francia y de los franceses, corría grave peligro. Dicen que para ser francés es necesario, haber nacido en Francia, hablar francés, amar la libertad y algunos que es necesario conocer, respetar y amar el mundo del vino francés o como llaman la expresión del “terroir” que combina el amor nacional por el jugo de la vid con las diferencias de cada una de sus tierras, de su composición, de sus diferentes variedades y varietales, sabores, grados de dulzor, clima, forma de vinificar y ensamblar. 

Durante la Operación Dinamo y a pocos kilómetros de Dunkerque, en el Puerto de Calais (escenario de la gran piedra de toque de la posterior liberación), un joven soldado francés,Gaston Huet, en plena batalla, inútil y fútil, desbordado por la rabia nazi veía retroceder a sus compatriotas y a sus hermanos belgas en la lucha por la libertad. Cada vez reculaban más sus posiciones mirando a diestra y siniestra y vislumbraba entre la niebla de los proyectiles nacidos por los impactos en la tierra creaban, el terror en sus ojos, la desazón en su alma y la tristeza en su corazón.

Los puestos de defensa francesa arriaban su bandera nacional, tricolor, ejemplos de libertad, igualdad y fraternidad para el mundo entero por aquella roja que enmarcaba en su centro, la Cruz Gamada Nazi, y que sigue siendo recuerdo en el alma aun herida de muchos europeos, alemanes, franceses, italianos… e incluso de los que no participaron como Estados pero si, como estados de ánimo.

Gaston Huet, fue un gran productor de vino de la Región vinícola del Valle del Loira (Vallée de la Loire), de la gran Appellation d’Origine Controlée de Vouvray un vino normalmente moelleux, es decir, blanco y “mullido” o dulce de la varietal Chenin Blanc.

Gaston Huet fue apresado como muchos otros compatriotas en los temidos campos de concentración alemanes donde los acuerdos internacionales para los presos de guerra se cumplían de forma accidental salvo en el caso de que fueras judío o gitano pues en estos casos lo accidental era el accidente en si.

Desde la Francia ocupada hasta la Francia del Mariscal Petain, la tierra estremecida entendió que aquellos invasores se parecían en poco o nada a los contendientes de la Primera Guerra Mundial, la jauría asesina nazi, la devastación de las diferentes identidades culturales y racionales, el rampante estalinismo, la horda comunista que anegaba  el anhelo de libertad de rusos y protorusos, el fascismo de Musolini, la Guardia de Hierro rumana, Metaxas y su ensoñación de Tercera Civilización Helenística, Franco y su aspiración de recrear el vetusto Imperio Español, estos y tantos otros ejemplos que hacía prever el cambio de civilización o la desaparición del sentido común en la vieja Europa no preveían nada nuevo.

Gaston Huet pasó cinco terribles años en los campos de concentración de la Wehrmacht que recibía la constantesvisita de la Gestapo y sus adláteres que traían las noticias del expolio que Francia y Europa estaban sufriendo no solo en su patrimonio artístico e histórico empero su alma y maltrecho espíritu.

Después de avatares y curiosidades (que merecen un comentario aparte), Gaston Huet y un grupo de soldados del campo de concentración decidieron, mediando pequeños chantajes sobre trivialidades y ligeras distracciones de diversos guardas Nazis, hacer algo por ese espíritu que desteñía su preciada tricolor y que mantenía el blanco pajizo y el rojo rubí de sus viñedos frente al azul de sus mares y océanos. La idea.

La idea fue hacer una gran degustación, un día de alegría, un día de libertad más allá de la celda y las horas programadas, la libertad de cerrar los ojos y ver como sus manos recorren la uvas que rodean sus hogares, su trabajo arduo y minucioso que hace que conozcan cada una de las vides como cada una de las arrugas de su piel creadas bajo el sol y sobre su amada tierra.

El 24 de enero de 1943 día de San Vicente patrono de los productores del vino fue el día que se adoptó para celebrar la fiesta de la degustación para casi 4000 presos donde consiguieron 500 botellas donde en un cuartillo de copa de vino podían aquellos hombres recordar su terruño, su familia y su hogar.

Todas las regiones de Francia en sus vinos se encontraban en aquellos tablones puestos ex profeso para la degustación, todos los tipos de vinos inlcluyendo Cognacs, Champagnes, Crémants, Vinos dulces naturales, Vinos Blancos, secos y dulces, Rosados, Tintos de miles de matices se presentaron con la consigna de que cada uno se tomara el tiempo necesario para apreciar su color, textura, la tenacidad de sus lágrimas, su bouquet, sus aromas, todo lo que consideraran.

Gaston Huet recibió en suerte un cuartillo de vino blanco del Loira, era un vino blanco seco que le recordaba su tierra, su color verdoso le hizo disfrutar de varios minutos de ensimismamiento, no obstante el vino en boca le resultó un poco ácido y en el final decaía de forma abrupta.

Poco antes de dejar este mundo, Gaston Huet dijo que aquel vino fue, sin embargo, el mejor que había probado y de recuerdo más arraigado y trepanado se encontraba en su mente, corazón y alma. Sin dudarlo y con mirada perdida fue el mejor que había probado.

Aquel día Alemania ya había cruzado la línea de Armisticio, aquél día el mundo de tambaleaba en un tiovivo sin surcos pero aquel día la libertad entró en un campo de concentración más allá de la verjas de hierro, más allá de la dignidad robada, aquel fue un día en que el vino les devolvió su humanidad por algunos momentos.

Cuando entres en una enoteca, cava o cualquiera parecido, recuerda que el gusto por el vino es el suyo, con sus circunstancias quizás el mejor que usted haya probado tenga criticas feroces pero además de a frambuesa le puede recordar la sonrisa de su hijo, el abrazo de su pareja o la despedida de su padre.

Cuando tome ese vino deje su idea preconcebida con la petulancia del entendido que pretende saber de vinos con su opinión compulsiva sin entender que el vino no es un mero jugo alcohólico de la uva y si no que se le digan al gran Gaston Huet.

Por cierto, ¿Cual es su mejor vino?

De un kílix, un estadio de fútbol, un Dios griego y un Santo cristiano

La historia del vino comienza por su mitología, ¿Qué Historia no?. Dioniso, un Dios del helenismo. Quizás esta es la piedra de toque.

Dionisio, Dios del Vino, la Vegetación y el Éxtasis. Dios griego e hijo del Dios Supremo, Zeus.

Es cierto que su homónimo romano era Baco y que la obra de arte situada a la derecha de este post a él es alegórico, no obstante, la figura central mantiene el líquido elemento estable gracias a esa vasija, probablemente la primera creada para beber vino, o al menos la más memorable, un kílix.

Fácil de utilizar mientras esperamos repanchigados a que el servicio nos sirva el preciado líquido mientras vemos nuestra vida en el Olimpo particular de un kílix rebosante del jugoso caldo resultante de la fermentación, maceración y crianza de la Vid y en cualquier caso la escena no pierde ese carácter dionisíaco aunque Baco la presida.

No creo que en la mente de ninguno se pueda entender a Dionisio como un Dios pío, recatado y comedido, no lo creo. Curiosamente se le consideraba el Dios del éxtasis y de las representaciones mágicas, normalmente la ingesta sin control del liquido y tinto elemento garantiza representaciones mágicas de no muy grato recuerdo al despertar.

Los primeros cristianos y Padres de la Iglesia se encontraron con el dilema; el vino desinhibe, el vino es pecaminoso y el vino hace que la angina, esa parte de nuestro cerebro que nos mantiene alerta de miedos y del cumplimiento de las complicidades sociales mitigue su vigilancia y vaya a dormir, entonces… ¿qué hacemos?, pues como luchar contra tamaño enemigo es batalla perdida, lo introdujeron en la propia liturgia y cuentan las caras B de muchas beatificaciones que el extasis sufrido por algunos beatos implicaba una reposición de las ánforas en el siguiente día de mercado.

Declarado el deceso del paganismo por los Emperadores romanos y establecido el cristianismo como religión de Estado, surgió a finales del Siglo III, doscientos años antes del colapso del Imperio Romano o, mejor dicho, el Imperio Occidental Romano, un personaje, pío, recatado y comedido cuyo nombre, Dionisio, acompañaba el topónimo, de Alejandría. Dionisio de Alejandría, gran patriarca de la Iglesia en Egipto, tanto copta-ortodoxa como copta-católica.

Un nuevo Dionisio nos da la historia y contemporáneo del alejandrino, Dionisio era misionario y es curioso, extramadamente curioso un detalle, ¿sabéis a qué Provincia del Imperio Romano fue destinado y declarado Obispo? pues a la Galia y a la Ciudad de París. Y por ella será llamado Dionisio de París.

La costumbre y opción que suelen utilizar nuestros vecinos y aquellos que han pasado por aquellas maravillosas tierras, llámese Galos, Visigodos, Francos o franceses, por utilizar la decapitación como método de reducción de coste carcelario y que no solo fue utlizado para la cinematográfica noble vienesa Maria Antonieta, fue también empleado para el martirio de nuestro obispo Dionisio de París en la Colina de los Mártires o como se la conoce en la bella Ciudad de la Luz, Montmartre.

Como un martir de esa época que valga dicha calificación, una vez decapitado se levantó, tomó su cabeza y recorrió seis kilómetros hasta que llegó al lugar en el que entendió adecuado ser enterrado, la hoy llamada Basílica de San Dionisio o como se denomina en francés la Basilique de Saint-Denis pues la traducción de Dionisio en francés es Denis o Denys.

Cuentan que un juglar que observó la escena exclamó no sin falta de sorna: “Dans le tels circonstances, ce n’est que le premier pas qui coûte” (antes estas circunstancias, lo que cuenta es que dé el primer paso).

Saint-Denis o San Dionisio como se denomina en español, es hoy una ciudad sita en la Región de la Isla de Francia, donde París se encuentra, el Stade de France el glorioso estadio parisino que se inauguró con motivo de los fastos del Mundial de Fútbol de 1998 cuyo campeonato conquistaron nuestros amigos galos.

Curioso, al Stade de France también se le denomina de Saint-Denis pues la explanada de Saint-Denis fue donde se construyó. Lo inauguró una evento futbolístico entre vecinos: un Francia – España y del resultado no me acuerdo pues hablamos de curiosidades del vino, no de rarezas futbolísticas.

Saint-Denis es el apostol de las Galias como Santiago fue el de Hispania. Saint-Denis es el patrón de la ciudad de su nombre y de la capital de Francia, del País creador de los mejores vinos tintos del mundo, en cualquier clasificación de cualquier afamado crítico no se encuentra en los treinta mejores tintos de la historia otro caldo que no sea el francés, solamente algunos blancos alemanes y los de Xerez pueden entrar con acuerdo mayoritario en este reconocimiento.

Parece que no fue una casualidad que el Dios del Vino se reconvirtiera en el Apóstol de la Galia que originaron la moderna Francia, la Nación del vino, del jugo que llenaba el kílix del Dios que hizo del adjetivo dionisíaco un marchamo de éxtasis, alegría y quizás ahora de Francia.