De un kílix, un estadio de fútbol, un Dios griego y un Santo cristiano

La historia del vino comienza por su mitología, ¿Qué Historia no?. Dioniso, un Dios del helenismo. Quizás esta es la piedra de toque.

Dionisio, Dios del Vino, la Vegetación y el Éxtasis. Dios griego e hijo del Dios Supremo, Zeus.

Es cierto que su homónimo romano era Baco y que la obra de arte situada a la derecha de este post a él es alegórico, no obstante, la figura central mantiene el líquido elemento estable gracias a esa vasija, probablemente la primera creada para beber vino, o al menos la más memorable, un kílix.

Fácil de utilizar mientras esperamos repanchigados a que el servicio nos sirva el preciado líquido mientras vemos nuestra vida en el Olimpo particular de un kílix rebosante del jugoso caldo resultante de la fermentación, maceración y crianza de la Vid y en cualquier caso la escena no pierde ese carácter dionisíaco aunque Baco la presida.

No creo que en la mente de ninguno se pueda entender a Dionisio como un Dios pío, recatado y comedido, no lo creo. Curiosamente se le consideraba el Dios del éxtasis y de las representaciones mágicas, normalmente la ingesta sin control del liquido y tinto elemento garantiza representaciones mágicas de no muy grato recuerdo al despertar.

Los primeros cristianos y Padres de la Iglesia se encontraron con el dilema; el vino desinhibe, el vino es pecaminoso y el vino hace que la angina, esa parte de nuestro cerebro que nos mantiene alerta de miedos y del cumplimiento de las complicidades sociales mitigue su vigilancia y vaya a dormir, entonces… ¿qué hacemos?, pues como luchar contra tamaño enemigo es batalla perdida, lo introdujeron en la propia liturgia y cuentan las caras B de muchas beatificaciones que el extasis sufrido por algunos beatos implicaba una reposición de las ánforas en el siguiente día de mercado.

Declarado el deceso del paganismo por los Emperadores romanos y establecido el cristianismo como religión de Estado, surgió a finales del Siglo III, doscientos años antes del colapso del Imperio Romano o, mejor dicho, el Imperio Occidental Romano, un personaje, pío, recatado y comedido cuyo nombre, Dionisio, acompañaba el topónimo, de Alejandría. Dionisio de Alejandría, gran patriarca de la Iglesia en Egipto, tanto copta-ortodoxa como copta-católica.

Un nuevo Dionisio nos da la historia y contemporáneo del alejandrino, Dionisio era misionario y es curioso, extramadamente curioso un detalle, ¿sabéis a qué Provincia del Imperio Romano fue destinado y declarado Obispo? pues a la Galia y a la Ciudad de París. Y por ella será llamado Dionisio de París.

La costumbre y opción que suelen utilizar nuestros vecinos y aquellos que han pasado por aquellas maravillosas tierras, llámese Galos, Visigodos, Francos o franceses, por utilizar la decapitación como método de reducción de coste carcelario y que no solo fue utlizado para la cinematográfica noble vienesa Maria Antonieta, fue también empleado para el martirio de nuestro obispo Dionisio de París en la Colina de los Mártires o como se la conoce en la bella Ciudad de la Luz, Montmartre.

Como un martir de esa época que valga dicha calificación, una vez decapitado se levantó, tomó su cabeza y recorrió seis kilómetros hasta que llegó al lugar en el que entendió adecuado ser enterrado, la hoy llamada Basílica de San Dionisio o como se denomina en francés la Basilique de Saint-Denis pues la traducción de Dionisio en francés es Denis o Denys.

Cuentan que un juglar que observó la escena exclamó no sin falta de sorna: “Dans le tels circonstances, ce n’est que le premier pas qui coûte” (antes estas circunstancias, lo que cuenta es que dé el primer paso).

Saint-Denis o San Dionisio como se denomina en español, es hoy una ciudad sita en la Región de la Isla de Francia, donde París se encuentra, el Stade de France el glorioso estadio parisino que se inauguró con motivo de los fastos del Mundial de Fútbol de 1998 cuyo campeonato conquistaron nuestros amigos galos.

Curioso, al Stade de France también se le denomina de Saint-Denis pues la explanada de Saint-Denis fue donde se construyó. Lo inauguró una evento futbolístico entre vecinos: un Francia – España y del resultado no me acuerdo pues hablamos de curiosidades del vino, no de rarezas futbolísticas.

Saint-Denis es el apostol de las Galias como Santiago fue el de Hispania. Saint-Denis es el patrón de la ciudad de su nombre y de la capital de Francia, del País creador de los mejores vinos tintos del mundo, en cualquier clasificación de cualquier afamado crítico no se encuentra en los treinta mejores tintos de la historia otro caldo que no sea el francés, solamente algunos blancos alemanes y los de Xerez pueden entrar con acuerdo mayoritario en este reconocimiento.

Parece que no fue una casualidad que el Dios del Vino se reconvirtiera en el Apóstol de la Galia que originaron la moderna Francia, la Nación del vino, del jugo que llenaba el kílix del Dios que hizo del adjetivo dionisíaco un marchamo de éxtasis, alegría y quizás ahora de Francia.

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