Los peces también están locos en Dinamarca

Resulta que algún investigador sesudo, algún filólogo comprometido o aquellos nuevos estudiosos de la etimología de las etiquetas de los vinos siempre resultan sorprendidos por las razones que abrigan el nombre de un vino.

ImagenEl viejo mundo vinícola (básicamente Europa) de forma tradicional ha rebuscado en los legajos de ayuntamientos, iglesias o catastros el uso o primer nombre de la tierra o finca para darle un sentido al nombre de su etiqueta.

Pero claro, aquellos lugares del nuevo mundo vinícola que no se organizó de forma administrativa por estructuras que han perdurado hasta los tiempo actuales, no viven de esa idea, reflejan los nombres de las etiquetas en sensaciones, pequeñas historias o simplemente el nombre de su primer perro o de su amor eterno o sencillamente de un inconexo vocablo que a ellos les ofrece un recuerdo.

Viendo la etiqueta de “Mad Fish” Shiraz 2005Imagen ornamentada por una sinuosa tortuga rodeada de amenazantes mini peces, me interesó el saber la fuente de ese nombre, era una simple marca creada por un estudio de márquetin en Sidney o ¿algo más quiere decir?.

Resulta que este vino del Oeste Australiano (Western Australia) en su zona del Gran Sur (Great Southern) subdivide esa área en varios espacios, uno de ellos, se llama Frankland River encontrándose al interior de dicha área mientras que existe una vecina que se llama, Denmark (básicamente Dinamarca) siendo esta costera. Supongo que esta región fue fundada, como otras muchas del continente de Oceanía por ciudadanos huidos o aventureros de la bella península de Jutlandia. Aquellos que en las puertas de su ciudad, del mismo nombre, Denmark, observaban como una ensenada hacía de puerto natural resguardándoles del Océano Índico, ahora bien, este brazo de mar que se convierte en piscina arrastra a su interior a infinidad de peces que encuentran su entrada y su inviable salida, pues esta es un pequeño cañón.

Este estrecha dramáticamente cuando los delfines encuentran a sus presas en el alborozo de su calma. Los delfines, sus depredadores naturales, se alimentan de ellos y alimentan su pánico al, estos, no encontrar salida. Los primeros pobladores solían pensar que aquel enjambre de peces que saltaban e intentaban arribar a costa segura, sencillamente se habían vuelto locos.

Por este puerto, entraron probablemente aquellos daneses que tierra adentro llegaron a implantar sus vides incluso en Frankland River donde llevaron su historia de aquellos peces locos a los desafortunados oriundos que de forma sincrética sumaron esta historia con la segura y estable tierra adentro para ellos simbolizados por la tortuga.

Claro que fue un ingenio marquetiano, clarísimo. Pero igualmente claro resulta agradecer que las ideas de aquellos diseñadores recordaran de donde vienen aquellas vides para que suponga que sepan adónde van y para que ese cuento, esa leyenda, se encuentre y acompañe en la etiqueta a este vino en la parada del hogar de cientos de miles de personas, por todo el mundo.

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